CONVOCATORIA A 99 ESCRITORES DE POESÍA Y CUENTOS

•Septiembre 3, 2009 • 1 comentario

SE CONVOCA A: 99 Cuentistas Paraguayas/os y 99 Poetas Paraguayas/os a fin de publicar sus obras a partir del 1 Setiembre  del 2009 en este sitio (http://Generaciondelos90.wordpress.com) y por Jakembó Editores y Felicita La Cartonera en edición impresa.

“MANIFIESTO DE LOS ‘90″

Jóvenes del Paraguay, ante la crisis económica y social, revestida también de la escasa formación en valores culturales; esta generación ha decidido agruparse para demostrar que en la década del 90 también existen jóvenes comprometidos con la sociedad. Decididos a reivindicar nuestra gran riqueza literaria y desnudar con los versos y las rimas las desigualdades sociales, para convertirnos en la poderosa arma que hará frente a nuestros problemas.

Queremos levantar nuesras voces de protesta, hemos decidido unirnos y manifestarnos a través de la poesía, esa que está en barrios, bares, plazas y parques, en pequeños grupos generalmente, por no decir la mayoría de las veces, entre amigos.

¡Voces! que son nuestro desahogo y expresión de nuestra sensibilidad a flor de piel, ante todo este sistema que nos aplasta y manipula.

Acércate a nosotros. libera tus pasquines, tus garabatos, tus grafitis. Te invitamos a unirte al ejército de poetas jóvenes para luchar por el espacio que nos han negado y que hemos perdido hace años.

GENERACIÓN DE LOS 90

(10 de Enero de 1999)

REQUISITOS

- Ser Humano (no se admitirá la obra de ningún sojero)

- Ser Paraguaya/o o vivir en este bendito país.

- Que tu cuento o poema no tenga más de cinco páginas de papel tamaño carta, en arial 12, sabés loo.

- Tu obra puede ser en guaraní, español, yopara, espanglish, papo, maká, alemán o cualquiera de las más de 20 lenguas que se hablan en la República del Paraguay, República de la Diversidad.

- Envía también los siguientes datos: Nombre y Apellido completo, fecha de nacimiento, y donde estás viviendo.

PONETE EN CONTACTO Y ENVIA TU OBRA A: generaciondelos90@gmail.com. Con el asunto: “Quiero participar”

BREVE HISTORIA DEL MOVIMIENTO LITERARIO GENERACIÓN DE LOS ‘90

Corría el último año de la década del 90 del siglo XX; un grupo de jóvenes escritoras y escritores reunidos en un centro cultural alternativo y autogestionado (Espacio Sajonia XXI), una Editorial Alternativa (El Ombligo del Mundo) y un semanario cultural (El Yakaré), habiendo llevado cabo ya diferentes experiencias de edición alternativa decide romper el cerco de la literatura paraguaya obediente a los centros artísticos del poder y convoca a una gran edición de poetas nuevos de toda la república del Paraguay, concientes de que había mucho más literatura (poesía y cuentos) en las periferias de aquellos centros (en los barrios, en los bañados, a lo largo de la geografía nacional).

La convocatoria se realizó utilizando todos los medios al alcance en aquella época, prensa, internet, afiches, etc. Hasta que con el transcurso de los meses la convocatoria fue satisfecha… 99 autores paraguayos nuevos de poesía, entre 15 y 35 años veían la luz, en un libro de dos tomos prologado por el escritor paraguayo Emilio Pérez-Chávez, lanzado en el Centro Cultural de España Juan de Salazar.

Varios, muchos de aquellos jóvenes hoy siguen haciendo carrera en las letras, el periodismo, la música o las ciencias nacionales. Haciendo literatura paraguaya por gusto, profesión o compromiso con ella.

La edición de aquel año registra nombres como Carlos Bazzano, Mónica Laneri, Rocío Ortega, Javier Viveros, Maria Eugenia Ayala, Alexander Díaz de Vivar, José Arce, Blas Brítez, Eulogio García, Saskia Saer, Gustavo Luque, Aldo Mesa, Carolina Canese, entre otros.

A aquella edición pertenece el manifiesto que acompaña a esta convocatoria.

CONVOCANTES

  • MOVIMIENTO LITERARIO GENERACION DE LOS 90
  • FELICITA LA CARTONERA.
  • EDITORIAL EL OMBLIGO DEL MUNDO.
  • COLECTIVO DE ESCRITORES RAFAEL BARRET

LOS CUENTOS QUE YA HAN LLEGADO A LA CONVOCATORIA 2009

  • La Bahía

El fresco viento del moribundo invierno me acaricia desesperado, camino despacio, no es como de costumbre, me tomo mi preciado tiempo para desgastarlo a mi entero antojo, voy descendiendo por el costado iluminado de la Casa Viola, el sol del mediodía resalta su palidez que hace un golpe de contraste con el terracota con que se enseñorea el elevado corredor de la manzana de la rivera, otrora la Pesió Royal, su mal encalzada vereda no me irrita, no pronuncio ninguno de los discursos de buen intendente cuando veo algo que me molesta de la comuna, hoy no, simplemente estoy bien.

Al levantar la vista el centellear sobre las calmadas aguas de la bahía, y entre ellas aparece una figura que resalta por el escarlata de su atuendo, su pelo ondulado como llamaradas, en una bizarra convinación fuego y agua transponiendose a traves de mis ojos, la imaginación que se despereza y abre sus alas inmediatamente se dirige hacia esas lejanas tierras de donde provienen mis pensamientos libres, saber que ella esta cerca, su sola presencia automáticamente acelera mi pulso, puedo sentir mis venas expandirse, como una anaconda que se acaba de devorar a un ternero, se van acomodando al tamaño del nuevo torrente que pasa a través de ellas, y cada una de las oladas de sangre es mas grande que la anterior, siento que la corbata me aprieta el cogote; y ahi esta de nuevo ese temblor involuntario, la intrigante caida libre a lo desconocido, la que hacia tiempo que no sentía, esa dulce sensación de lo prohibido y que es imposible resistirse, dificil de superar esta adicción sin volverse agrio, frío y calculador, algo que sin duda era estos últimos tiempos.
Fuí también un tanto de pagano y errante, a pesar de haber recibido todos los sacramentos, mi catolicismo mustio hoy no muestra su demacración en mis decisiones, aunque ya hace bastante que tampoco influye en el cotidiano, que mayormente se trata de trabajos, de negocios, al menos a los menesteres de familia y hogar tendía a dejar su tinte ordenado de catecismo pulcro. No, sin duda Dios no tiene nada que ver con esto, ni tampoco satanás, esto es fruto del sentimiento humano, de la razón quizas, o la pérdida de esta, podria tratarse de los planetas alineados en la costelación de galaxias remotas e impensadas que influyen en algunos cuerpos a traves del esoterismo y la alquimia.

Siento como el vapor sube de entre mi pecho y los botones de mi camisa, se va escapando entre mi bufanda el aroma de mi colonia barata acosando a mi orificios nasales, que, de por sí, hacen un esfuerzo por tomar la mayor cantidad de aire fresco que se entremescla en cada suspiro prolongado, dos pasos mas y detengo súbitamente el caminar, cierro los ojos, inhalo profundo, lo contengo unos segundos y exalo despacito, vibra en el bolsillo derecho mi telefono, es ella, “vas a venir?” pregunta en un mensaje de texto, y con cierta dificultad respondo “te queda bien el rojo”, ni bien el reporte de estado de mensaje indicaba que le llegó el mensaje, irrumpe otro mensaje, “dónde estas ?”, esta vez no respondo, apresuro el paso mientras la figura va cobrando nitidez, estos últimos años de arduo trabajo frente al monitor han consumido vorazmente la fuerza de mis ojos, y con la ayuda de mi equivocada decisión de no usar gafas, han acelerado mi pérdida de vista, justo ahora que mis ojos tienen con que deleitarse.

He tenido la suerte de admirar bellezas en esta tierra, desde las simples a las más complejas, he contemplado el languido atardecer del chaco boreal destiñendose, entre las sombras de los montes vi los minuciosos entretejidos de una tela de araña y pude delinear las sincronías basicas de la inspiración del ñandutí, caminé entre la humedad del bosque para llegar a la corriente del río Paraná derramandose en enormes cascadas, las rocas soportando solemnemente la arremetida del caudal y a partir de ellas se van multiplicando en millonésimas particulas que imitan a nubes que van subiendo, mientras el estruendoso sonido te envuelve, te transporta hacia los reflejos multicolores que se atraviesan entre los rayos del sol, muchas veces deleité desde mi ventana la siesta callada del antiguo patio en el que se libraron las más recordadas travesuras de mi infancia, las plantas convinadas al azar, helechos que en sus recipientes de latas corroidas que perdieron ya sus colores vivos y hacen dificil reconocer las marcas de los productos que alguna vez cargaron van atados con viejos alambres a los mangos y a los lapachos, las calas ganaron ciertos privilegios, ellas estan en planteras de barro cocido expuestas en bases de hierro, las moras que atraen a los diferentes pájaros que nos regalan su concierto, y otras plantas que por mi deficiencia de recordar los nombres de las personas, animales o cosas, y en esta ocasión plantas, no recuerdo, pero las imagenes permanecen intactas en mi cabeza; las luces y sombras, el aroma fresco de su tierra desnuda, la humeda sensación cerca del yaguarundí.

Todas estas escenas por nombrar aquello que he contemplado y entiendo que son bellas, pero no se comparan al garbo de esta princesa, toda su donosura que transforman el aire a su alrededor en aura que enlentece el tiempo, esa abundancia de detalles hermosos conjugados en una sola persona que lo hace a uno sentir pleno, como secreto revelado en la cuspide de un oráculo despues de una larga travesía por hallar la verdad. Así es esta princesa maja, que sonríe con vehemencia como si supiese que esta regalando a la vida su divinidad con el solo hecho de existir. Todavía ahora me pregunto como es posible que tanta finura, como puede ser que una beldad como ella pasee tan natural por la vida, como inocente que no magnifica su propia realidad y no es conciente de su perfección, es ajena a todo lo que podria embriagarla y se sostiene a su razón, esta aferrada a su estructurada moral.

Sonrío como un niño en una jugueteria mientras controlo mis pasos al descender por la vereda de la plaza de los desaparecidos, a mi derecha aparecen como gigantes las palmeras que ahora estan frente al palacio de López, percibo el aroma de la hierba humeda y resuenan los gritos de niños en el parque cercano. Me voy acercando, cada vez es mas fuerte mi desesperacion, el temblor involuntario, el frío en la espalda y la sequedad en la boca, cada paso un pensamiento distinto, esos segundos son inmensos, y como es que no se me ocurre pensar en mis compromisos con la vida, con otras personas, en verdad soy egoista, solo pienso en mi, ni siquiera estoy pensando en ella.

Me acerco, extiendo el brazo para tocarle el hombro y se produce una descarga al rozar mis dedos en ella, por primera vez en mi vida no me importa más nada que esta dulce embriaguez. Me acerco sigilosamente y pronuncio un tímido hola que casi no se escucha, carraspeo un poco y prosigo con un ademán: buenas tardes princesa, debo decir, si vuestra merced lo permite, que esta más que maravillosa, voltea para mirarme, suben las pestañas, los parpados se contraen y dejan ver los magnificos ojos que exponen a sus pupilas un tanto dilatadas, esa boca, que es portal de un mundo de magia y esplendor que no he podido disfrutar en su entera dimensión, se entreabre mientras sus labios se contornean en un calida sonrisa, ni por todo el oro del mundo  cambiaría este instante, poder admirar este gesto, para colmo, y para que de una buena vez se triture mi estado y se derrita mi alma tenia que parpadear, lo hizo, parpadeó.

Prosigo, ya vencido por su lozanía, y pronuncio unos versos mal recordados a su oido mientras mis manos la sujetan con fuerza y la presiono contra mi pecho, mi lucha interior es titánica, seguir pronunciando mis palabras sin enloquecer con su aroma, y cuando termino la voy soltando como para que se aleje, pero no, ella se queda pegada a mi y siento como suspira mientras me presiona esta vez ella contra su pecho. Levanta la mirada y sin decir nada caminamos hacia el mirador, nos detemos frente al sauce que timidamente ofrece la única sombra en el lugar, nos sentamos sobre el pasto, sujetando nuestras manos y jugando con su contorno empieza ella a hablar, hipnotizado yo la sigo y asiento, me confiesa cosas de las cuales pareciera estar arrepentida de contarme, y sin embargo continua hablando, de vez en cuando hablo un poco, pero es su voz la que inunda esta siesta, es un angel lo puedo ver en cada gesto, en cada palabra. Como cuando esta por decir una inocente verdad y retrae su cuerpo, estira el cuello hacia delante y va agachando la cabecita y esboza una sonrisa tenue y parpadea en forma pausada y va meciendose con cada pronunciacion, y cuando termina se erige por completo, aspira con un poquito de orgullo por que sabe que cada una de sus vocablos fueron justos y exactos, entonces gira y me mira sin miedo a los ojos, este embelezado oyente que disfruta de los movimientos de sus labios abriendose en regocijo mostrando esos pequeños dientes, y de forma tierna la nariz se llena de arrugas.

Se viene un silencio, poco augurioso, miramos juntos el río, ahi esta ajeno a nosotros, sin saberlo es tambien confidente de esto que esta pasando entre los dos y no le da importancia a nuestras palabras, la calma de las aguas y cae el viento, solo percibimos el suspiro de la naturaleza.

Despierta de su sueño, desciende, como ella dice, de su tercer planeta y sin previo aviso me clava en el pecho esta pregunta: ¿Que es lo que estamos haciendo? Y suelta súbitamente mi mano, ya no parece feliz, su rostro pierde esa alegria y hay en su mirada verdadera preocupación, y no puedo sobreponerme todavia, y viene la segunda consulta ¿Vos no pensaste en mi? ¿no pensaste en tu hijo y tu esposa?. Quisiera decir lo que me retumba en la cabeza, gritar: no carajo! No pensé ni por un instante, me deje llevar por mis sentimientos por que me hizo sentir vivo, por que lograste hacer que yo soñara de nuevo, despertaste a mi yo interior, de nuevo senti verdaderas ganas de volar.

Simplemente atino a mirarla sin decir nada, y siento como cae de mis ojos unas lágrimas, me resigno a decir que tiene razón, si alguna vez su belleza termino por destruir mi coraza su sinceridad ahora ha hecho estragos con mis entusiasmados nuevos sentimientos. Recorté y pegué en mis comentarios frases de canciones, algunas de Arjona, otras de Sabina tratando de ensayar una especie de justificación, lo dije hasta que me lo creí, que el destino nos unió tarde, y que en alguna otra vida, sin duda alguna, fuimos amantes.

La realidad es otra, ella, todo amor y ternura no se permite andar con medias verdades ni casi mentiras, su conciente estado hace que frases como estas, por más que en esta ocasión sean ciertas, las desechó con soltura. Y se fue sin despedirse, simplemente se alejo con la seguridad de que era lo correcto. No la he vuelto a ver desde ese dia. Hablamos por telefono unos dias mas hasta que me pidio que me alejara, asi lo hice.

Ahora voy todos lo dias al mediodía o temprano en la mañana a buscar algo de esa magia, a veces sonrio candidamente imaginandome pasajes de aquellos dias en los que compartía con la persona más hermosa del universo unos momentos únicos, que hoy estan atesorados en mi recuerdo. Otras veces le hablo enojado, le confieso mis rabias mientras resuena en el aire una música de Al Green, y mis labios hacen una mueca sin fuerzas para decir “How can you mend a broken heart”, como si estuviese a un suspiro la respuesta. Me sacudo de los ojos y del rostros las lagrimas asumo mi culpa y es por eso que me quedo parado sin hacer nada, simplemente sufriendo su ausencia, dejo que el dolor purifique mi alma, aunque estoy seguro que no lo hará, mi alma no necesita ser purificada, estoy seguro que lo único que me haría bien seria morir en sus brazos, pienso en eso a cada rato y cada escena es distinta, he muerto tantas veces.

Hoy de nuevo voy a morir, como será  esta vez?.

El Caballero Escarlata, Octubre de 2009

  • ESA BOCA

Sentado en el último asiento de este  micro destruido; repleto de trabajadores, abuelas, estudiantes y niños:  podía ver ese rostro. Reflejado en el grande y cuadrado espejo retrovisor  del chofer. Era uno de esos enormes espejos adornados con mil recuerdos,  que a veces cuando los astros se conjuran, te permiten ver unas buenas  y ricas piernas y como, en el transcurso del viaje se van moviendo,  de un lado… para el otro, mostrando un poco más de lo que las dueñas  se permitirían en dar a ver, si supiesen que atrás estoy yo; disfrutando  de las gracias que Dios les regaló. Subiendo, cruzándose, bajando,  sugiriendo y uno estupidizado y feliz con el espectáculo. Porque no  hay nada más bello, que unas suaves y bien proporcionadas piernas,  que para mejor se encuentren envueltas por una delicada mini, hecha  de la tela que vuela con el viento.

Pero en este caso en vez de piernas,  estaba ese hermoso rostro de mujer. Mujer es un decir por que no superaría  los 16. Pero esos labios llenos; remojados continuamente por esa lengua  roja me estaban por volver loco. En momentos alcanzaba a ver todo su  rostro, luego de un salto en uno de los muchos baches de la ciudad;  que la hacían a ella ir de arriba para abajo dejando que yo, contemple  sus cristalinas facciones y ese par de ojos, felinos y verdes.

Aunque casi todo el tiempo era solo su  boca la que aparecía en el espejo, mi placer era observar como sus  dientes mordían su carne húmeda o como de repente daba como un soplo  soltando el aliento; y yo desde el fondo la veía y me moría.

En el espejo aparecían de vez en cuando  también sus manos, bellas manos… llenas de anillos, anillos con vida,  con piedras y plata forjadas en el tiempo. Sostenían una hoja que usaba  para soplarse y taparse del sol de las doce.

Repentinamente… un salto, sus ojos  se clavaron con los míos -me sintió- pensé, y a través de la multitud,  de los cientos de cuerpos, nos miramos, por un segundo. Rápida y cobardemente  esquivé la cara, asustado de que tal vez ella se hubiese dado cuenta  de mi impertinencia, de mis pensamientos y del deseo que con solo ver  el movimiento de su boca se había generado en mi alma.

Hice como que observaba hacia la calle,  pero era inútil, no paraba de sentir su mirada que me quemaban el rostro.

Lentamente volví a mirar hacia  ella y… seguía ahí. Entre el ruido de la calle y todos los cuerpos  que nos separaban, esos ojos verdes y los míos era lo único que existía.  De pronto, se perdieron, el espejo se movió y otra vez quedé mirando  solo su boca, pasó un rato el calor era insoportable, su labios estaban  duros -carajo, se fue la conexión- pasó por mi aturdida cabeza; cuando  en ese momento reinició el baile. Pero ahora los movimientos eran más  sensuales. Su lengua salía hacia afuera un poco más y mojaba con otro  sabor esas rojas carnosidades; y las mordidas eran más prolongadas  y fuertes. Yo también empecé a remedar sus movimientos, me mordía  me pasaba la lengua y vi, lo que pareció una sonrisa en esa boca que  me estaba matando, estábamos conectados.

En eso empezó a abrir la boca más  de lo normal, como haciendo un pequeño circulo -en señal de placer-  pensé.

El ruido no existía la gente no existía  ni el micro existía, y un “te amo” salió del espejo  hacia mis ojos y se lo respondí con un “yo también”.  En eso se levantó, y era más alta de lo que me había imaginado; con  su cuerpo se fue abriendo paso entre los cientos de pasajeros. Mi corazón  latía como el mismo infierno mi cuerpo temblaba pensando en lo que  se venía. Me levanto atrás de ella y le hablo al bajar pensé. Llegó  hasta el fondo y estiró la mano hacia el timbre, salté de mi asiento  y me puse atrás de ella, muy cerca, rozándonos casi imperceptiblemente  pero el calor hacía que la ropa me duela, la conexión estaba.

Tocó el timbre y yo desde atrás  miraba sus brazos sus manos su pelo; era más bella de lo que podía  creer, el micro paró y lentamente fue bajando por los escalones.

Salimos a la calle y era el momento preciso,  me acerqué lentamente -sentiste la conexión…- le susurré  al oído, se dio la vuelta y esa boca que pedía a gritos que la muerdan  se abrió y el cielo también y un -¡imbécil… degenerado, no te  me acerqués, bicho!-… fue todo lo que salió de ella.

Andrés Power

  • La Chiripa

Ramírez es joyero y está de zozobra. La congoja lo tiene de blanco por estos días. Un juguete del desasosiego. Ramírez siente que el tiempo se alarga, es consciente del paso de cada minuto que estira su sufrir como una máquina de tortura de la Edad Media. Ramírez. Hay siempre una semana al año en la que la espesura del pasado se instala en su presente, una semana en la que tiembla como un poseso y orbitan su cabeza el temor y el terror. Compra todos los diarios. Y, atropelladamente, los lee. Recela encontrar una información menos vaga que las de los años anteriores. Tiene miedo de hallar una noticia con más datos que las nubes acostumbradas, una noticia donde las certidumbres superen a las conjeturas e imprecisiones. Ramírez teme que hablen de él, que hagan demasiado ruido con su nombre, que algún periodista investigue más a fondo y encuentre documentos o testigos que prueben el hecho de manera incontestable. Teme un reclamo centroamericano.Ramírez, hombre entrado en años, de miserable pasado, presente venturoso y  cuatro niños que lo llaman padre. Lo vemos caminar en dirección a su casa, con el brazo derecho aprisiona los periódicos comprados en el kiosco. Cada paso que da incrementa su pesar. Siente el arrepentimiento por haberse ufanado en la ronda de amigos cuando recibió el pedido aquel:—Si el mismísimo Presidente de la República recomienda mi trabajo a otros poderosos quiere decir que soy el mejor joyero de Luque o sea del Paraguay.No lo podía evitar, era propaganda para su joyería y para él mismo. Los amigos y colegas supieron que había recibido de aquel militar extranjero una buena cantidad de oro para ser trabajado, ese pez gordo que nadaba muy lejos de su estanque originario le había encomendado su precioso metal.

*   *   *    *   *

La caravana transita la Avenida España. Todo es normalidad. Hileras de autos circulando por ambos carriles. Bocinazos esporádicos, el endemoniado aroma de los caños de escape. Vemos a un lujoso Mercedes Benz blanco en el cual viaja el general extranjero y detrás, infaltable, el automóvil con los custodios. No es cuestión de descuidar la seguridad. Hay que ser precavidos porque el rencor es el motor de innumerables acciones. Aunque en el Paraguay de Stroessner la seguridad está garantizada, todo está controlado. El Gran Hermano todo lo ve, nada se le escapa. Hay espías de peludos pies esparcidos estratégicamente para cubrir por completo el territorio patrio.Mientras tanto, sobre la misma Avenida España, en la casa de Julio Iglesias todo está también preparado. En la mente de Enrique está contemplado cada detalle. También todo está bajo control. Los planes para ejecutar la misión están desarrollándose de manera magnífica. En la casa alquilada falsamente a nombre del cantante español siguen practicando, repasando el plan hasta en sus detalles más insustanciales. Qué pasa si… Hacemos esto. ¿Y si pasara esto? Procedemos así. Enrique reitera a su gente que el momento se acerca, les reafirma que la misión es un ajedrez donde se apuesta la vida y que por ello ni un solo cabo puede quedar al arbitrio del azar.En el asiento trasero de la limusina Mercedes Benz, el general foráneo conversa con su acompañante. Las propuestas de nuevos negocios amarran su atención. Hay proyectos de bienes raíces, de pozos petrolíferos y minas de diamantes. El interior del automóvil es un hervidero de ideas. Se habla de empresas, de acciones. Se mencionan millones de dólares y operaciones bursátiles, se habla de fondos de capital de riesgo, de retornos de inversión, de exenciones impositivas. Se citan paraísos fiscales y nombres de bancos de pronunciación complicada. Dentro del vehículo todo es número, como para Pitágoras. La caravana sigue su avance sobre el pavimento asunceno.

*   *   *    *   *

Ramírez tiene un acabado dominio del oficio de manipular el oro. Sus manos conocen cómo derretirlo y darle forma. Lo saben fundir para hacerlo renacer de sus cenizas, colocando las moléculas en otra posición. Ramírez está orgulloso de su oficio. Unas semanas atrás había venido ese militar extranjero a solicitar su arte, recomendado por el propio Stroessner, el dictador que asfixiaba al país ya por más de un cuarto de siglo. Ramírez no podía fallar. Fueron días de intensa dedicación y escaso sueño. Pero habían valido la pena. Sus ojos contemplaban ahora el trabajo concluido. Los lingotes de oro eran ya parte del pasado. Ahora, reagrupadas, sus moléculas formaban un grande y precioso collar y dos pulseras de alta majestad. Genuino arte luqueño. El oro que en este momento siente la textura de la mano de Ramírez, pronto conocerá la de la mano militar, la mano que ha empuñado el sable, la del saludo marcial, la mano que ordenaba. Ramírez está en la ciudad de Luque, contempla su trabajo con orgullo y completamente ajeno al conocimiento de que en Asunción, a pocos kilómetros de allí, está por suceder algo que marcará para siempre su destino. La caravana del general será interceptada. El grupo B se encontrará con el grupo A. Encontronazo. Ramírez ignora que ese día le deparará una alegría casi nicaragüense.

*   *   *    *   *

Pasados varios minutos de las diez de la mañana del 17 de setiembre de 1.980 la Operación Reptil, que tenía a Asunción como escenario de operaciones, alcanza su epicentro.walkie-talkie. De súbito, una camioneta se cruza transversalmente sobre la Avenida España y hace que se detenga la caravana del general extranjero. La bazuca señala al automóvil, pero el cohete queda atragantado en el tubo. Enrique contempla la mudez de la bazuca y entra en acción, inmediatamente rocía al vehículo con su verborrágico fusil de asalto M-16. Se porta bien el arma, tartamudea su fuego con precisión hasta vaciar el cargador. Treinta disparos telegrafían agujeros por doquier con su Morse mortal. De súbito, la Avenida España es un estruendo que rompe la mañana. La atrabiliaria bazuca RPG-2 pide revancha y escupe su ígnea rabia, levanta metales, despelleja, descapota, quebranta huesos, quema la piel, desfigura y esparce las vísceras civiles y militares hacia todas las direcciones como la propiedad isotrópica de la luz. El líder, Enrique, escapa con los suyos después de aureolar de éxito la misión. El motor de la limusina Mercedes Benz no se ha enterado de nada: sigue latiendo.

*   *   *    *   *

Ramírez llega, al fin, a su casa con la multitud de diarios de la fecha. Su zozobra sigue, y seguirá aún por unos días. Ramírez sabe que pocos le creyeron cuando contó que habían venido a retirar el pedido la noche antes. Casi nadie le creyó y menos aun cuando con el correr de los años su casa fue creciendo hacia arriba y su joyería se convirtió en la mejor de la ciudad. Ramírez continúa en zozobra. Teme ver aparecer su nombre en los diarios. El rumor puede ser perjudicial para todo lo que ha logrado. Sabe que deberá aprender a vivir con ello durante el resto de su vida, irá pagando en cuotas anuales el áureo presente del destino, su mágica chiripa. Sufrirá y sobrellevará esa semana con paciencia, porque tampoco ignora que dentro de unos días los periódicos se olvidarán nuevamente del tema y las cosas volverán a la normalidad hasta el próximo año. En segundos más, Ramírez ocupará el sofá y hojeará los diarios. Y verá allí las mismas fotos de cada año: el Mercedes Benz descapotado de un bazucazo, los cuerpos descoyuntados a balazos, la cara ensangrentada del General Anastasio Somoza Debayle, su involuntario benefactor, muerto por un comando revolucionario liderado por Enrique Gorriarán Merlo e incapaz por ello de retirar el trabajo solicitado a su taller de joyas.

— ¡Blanco, blanco! —brama el walkie-talkie.

De súbito, una camioneta se cruza transversalmente sobre la Avenida España y hace que se detenga la caravana del general extranjero. La bazuca señala al automóvil, pero el cohete queda atragantado en el tubo. Enrique contempla la mudez de la bazuca y entra en acción, inmediatamente rocía al vehículo con su verborrágico fusil de asalto M-16. Se porta bien el arma, tartamudea su fuego con precisión hasta vaciar el cargador. Treinta disparos telegrafían agujeros por doquier con su Morse mortal. De súbito, la Avenida España es un estruendo que rompe la mañana. La atrabiliaria bazuca RPG-2 pide revancha y escupe su ígnea rabia, levanta metales, despelleja, descapota, quebranta huesos, quema la piel, desfigura y esparce las vísceras civiles y militares hacia todas las direcciones como la propiedad isotrópica de la luz. El líder, Enrique, escapa con los suyos después de aureolar de éxito la misión. El motor de la limusina Mercedes Benz no se ha enterado de nada: sigue latiendo.

*   *   *    *   *

Ramírez llega, al fin, a su casa con la multitud de diarios de la fecha. Su zozobra sigue, y seguirá aún por unos días. Ramírez sabe que pocos le creyeron cuando contó que habían venido a retirar el pedido la noche antes. Casi nadie le creyó y menos aun cuando con el correr de los años su casa fue creciendo hacia arriba y su joyería se convirtió en la mejor de la ciudad.

Ramírez continúa en zozobra. Teme ver aparecer su nombre en los diarios. El rumor puede ser perjudicial para todo lo que ha logrado. Sabe que deberá aprender a vivir con ello durante el resto de su vida, irá pagando en cuotas anuales el áureo presente del destino, su mágica chiripa. Sufrirá y sobrellevará esa semana con paciencia, porque tampoco ignora que dentro de unos días los periódicos se olvidarán nuevamente del tema y las cosas volverán a la normalidad hasta el próximo año.

En segundos más, Ramírez ocupará el sofá y hojeará los diarios. Y verá allí las mismas fotos de cada año: el Mercedes Benz descapotado de un bazucazo, los cuerpos descoyuntados a balazos, la cara ensangrentada del General Anastasio Somoza Debayle, su involuntario benefactor, muerto por un comando revolucionario liderado por Enrique Gorriarán Merlo e incapaz por ello de retirar el trabajo solicitado a su taller de joyas.

Accra,  agosto de 2009.
Javier, Viveros. Accra,  agosto de 2009
  • Mecedura

Esperaba en silencio mientras mecía mi cuerpo de un lado al otro. Sin orden alguno, sin ritmo, sin una verdadera necesidad de estarlo haciendo.

Quise un día tomar venganza contra el maldito silencio. Contra ese cuerpo tan mío y siempre en movimiento, contra esa espera absurda de signos o señales inexplicables con las que guiaba mis pasos, contra todo ese desorden que poco a poco me iba consumiendo y convirtiendo en algo que no entendía, en algo que sabía no podría controlar.

Salí a la calle pese al frío y al viento que lograba congelar la mayoría de mis extremidades. Una nariz pintada de un rojo intenso me saludaba como último vestigio de aquella payasa rimbombante que había sido, mientras brillaba en el reflejo de las vidrieras de los negocios, de las ventanas e incluso las ventanillas de los automóviles cuidadosamente estacionados sobre la Avenida Rodríguez de Francia.

Camine un buen trecho hasta que vi a una gata enorme y blanca y decidí sin más seguirla. Mirando letreros llenos de luces la perdí para terminar en un lugar que no conocía, en el que no recordaba haber estado antes. Me senté en una especie de escalerita (más bien tres o cuatro escalones)  que no llevaban a ningún sitio. Luego de unos largos minutos me percate de la existencia de un pasillo ubicado a la derecha, era tan increíblemente angosto que imaginé difícil el avanzar. Luego de un sinfín de cavilaciones estúpidas y como el lugar parecía totalmente abandonado, decidí meterme en aquella especie de cavidad que inexplicablemente me remontaba al útero. Matriz materna de la cual creo que nunca salimos del todo.

Era todavía temprano y necesitaba hacer tiempo, bloquear de alguna manera la des-espera. Al final del pasillo–madre hacía su aparición un pequeño patio-mundo que gracias a la oscuridad-noche, gran amiga de esta frustrada vampira, me infundo la  confianza suficiente para avanzar en él. Al llegar al centro pude divisar a la gata con su resplandeciente blancura observando con curiosidad todo lo que a su alrededor sucedía. Estaba acercándome lentamente, me habían entrado unas ganas tremendas de acariciar su hermoso pelaje cuando escuche una voz. No iba dirigida a mí, eran palabras para ella, la gata. A la que me quede mirando, esperando que respondiera. Como si pudiera de repente ponerse a hablar.

Una vez que se  acostumbró  mi vista la divisé: Era una mujer mayor de unos 70 años. La piel le colgaba de su delgada figura. Por favor -  me dijo – agarra pues esa silla. ¿Vos tomás cerveza?

Y sin haber respondido y hoy no recuerdo ni como, ya tenía entre mis manos un vaso. En realidad eran unas tazas de plástico de una antigua colección de coca – cola, Seúl ‘88.

Aporté tres mil guaraníes que era todo lo que tenía sin saber como volver a casa.  La Señora volvió con dos botellas  más.

Estaba fascinada con la gata que se encontraba en el medio de ambas, a la misma distancia  entre ella y yo. El animal parecía entender todo lo que se decía puesto que sólo se dignaba a mirar si es que alguien hablaba. La señora hablaba de la misma manera con ella que conmigo. Siempre tuve miedo a los gatos, de chiquitita los veía de lejos y…¡mierda! Suena el teléfono. Maldito invento entrometido. Siempre metiéndose en mi hora de estar tranquila.

¿Hola? – conteste.

Era él. Los cables se unían ocasionando un gran cortocircuito que iluminaba mi vista mostrando mi reflejo hecho caricatura, matando mi tan acostumbrada y fantasiosa dispersión para hundirla en el fango de “sus” verdades, presionando mi botoncito de bloqueo muchas pero muchas veces, dejándome siempre sin saber el estado en el que quedo.

No, ya no tengo ganas de hablar.

Este incidente cambio el tono de la conversación, la gata asustada se había alejado y tenía que voltear la cabeza cada tanto para poder verla.

En unos minutos él llegó exigiendo explicaciones como si estuviesen realmente pintadas esa señora y esa gata (que desde lejos nos mira). Explicaciones: Benditos porqués que no dicen nada. Errores mal vestidos como dijo (¿o escribió?) alguna vez Julio (Cortázar).

Al llegar él, como recordé estaba pactado, la conversación se transformó en discusión y una en la cual yo, la principal “implicada” no participé. Había optado por mirar de distintas maneras de acuerdo a las acusaciones que saltaban al aire. Por esperar en silencio y mecer mi cuerpo de un lado al otro. Sin orden alguno, sin ritmo, sin una verdadera necesidad de estarlo haciendo.

La Señora  asumió mi rol, mi defensa, y me sorprendió escuchar en  la boca de esta mis propias palabras, las mismas palabras desordenadas que hacían una ensalada de  mi pensamientos, admirando la maestría en cuanto al momento y los gestos con los que las acompañaba hasta terminar por fin, sirviéndole a él un poco de cerveza y convenciéndole de lo más importante: de no seguir gritando y perturbando al silencio, dejar que todo siga como hace cinco minutos… Dejarme tranquila.

Apague el teléfono. Siempre me han llegado las buenas ideas un poco tarde. Habían pasado dos horas desde mi llegada, era ya de noche-noche y no había sido un día especial, era de esos que es mejor no repetirlos-repetirlos y escaparse o esconderse del mundo que para mi esta tan lejos, pero en días así, llega y se trepa ka’iro haciendo peso muerto en mis hombros y haciéndome envidiar a una puta gata.

Volví a la conversación dirigiéndome a ellas. Apenas lo distinguía en la oscuridad.

Con el correr de las horas hablamos de todo un poco cayendo en inevitables confesiones, consecuencias del alcohol, cariñosos ronroneos, un porro y la madrugada iluminadora que nos mostró  clara y serena lo que antes no pudimos o quisimos ver. Hubo lagrimones homenajeando al pasado.

No importaba la diferencia de edad ni la especie ni las sombras. Se creo una complicidad tan grande que aquella que llevaba tiempo siguiéndome, multiplicándose, luego de alargarse y adquirir todas la formas posibles fue rindiéndose, fue apagándose hasta que realmente “casi” desapareció para ir a ubicarse más lejos, mirar desde lejos como la gata.

Al salir de aquel lugar mágico sentí  haber mecido toda experiencia que me había marcado a rojo vivo. Tanta fuerza, tanta intensidad, tanto vértigo  buscado y deseado.

Somnolienta, mareada y triste todo se me revolvía empezando por el estómago.

Ver, hablar y escuchar a ese idéntico calco de unos 70 años… mis miedos…

Me acordé de él. Ahora era sólo un puntito de sombra, un aliento gris que erizaba mi nuca, un castillo hecho de naipes o de arena al que temía mirar por temor a deshacerlo con el poder de la mirada. Recordé las palabras de alguien: “Lo que sos es una gata, una gata callejera que se vale de sus ojos para sobrevivir”.

“Tu problema es ser tan humana” – me dijo en cambio aquella sombra alguna vez en algún tiempo inventado – “La compasión no nos conduce a nada”. Sabias palabras cargadas de egoísmo y arrogancia, dichas con tan peculiar cinismo que irónicamente no me inspiran nada más que compasión y acrecientan mi fobia contra todo tipo de ismos.

Cuando desperté en la mañana con mucho sol por desayuno encontré en el bolsillo esta poesía. Estaba hecha a garabatos y escrita aparentemente por mí en un papel amarillo. No recordaba haberla escrito.

Risotada y Carcajón

No salen de su casa

Nadie sabe que paso

Carcajón quiso ser príncipe

Risotada bailarina

A los días escaparon

Y se creyeron golondrinas

Alguna vez quisieron hijos

Y sólo amor

Amor

Amor

Lo que no logra el maquillaje

Lo que nos vende la ilusión

Risotada y puntapié

Bala humana y Carcajón

Ella perdió la sonrisa

Él dio una carcajada y lloró

Nuestros circos se han cerrado

Ya nada esconde ese telón

Estamos solos

Frente a un grande, viejo y feo televisor

Todavía me encontraba en esas sillas de esterillas tan típicas de los patios de las casas de familia. La gata se enredaba entre mis piernas ronroneando algo inentendible. Fui a la parada del colectivo, mi cuerpo olía a alcohol.

Durante la noche había descubierto que no era capaz de sentir otra cosa que no fuera rabia. Terminé riendo de forma malvada al pensar que estaba dando lo que siempre quise me dieran, diciendo lo que siempre quise me dijeran, etc.

Tenía tantas ganas de dormir, de dormir días y días seguidos sin que sonara el maldito teléfono, sin que me reclamaran acá y allá el abandono, la falta de atención a cosas que son “importantes”.

Llegue a casa y me metí a la ducha, me sentía roñosa con todo el alcohol y tabaco consumidos en la noche anterior. Mientras me duchaba con agua caliente y en la oscuridad como gustaba hacerlo me acorde de aquella señora, no sabía el nombre y por más que  diera vueltas y vueltas a la cabeza tampoco recordaba la dirección de su casa, ni como había llegado a ella. Esto me entristeció. Hubiera tenido ganas de volver a verla. A ella y a su gata. Su blanca e inteligente gata.

Me senté en la cama mientras fumaba el primer cigarrillo, el que había decidido hace tiempo sería el único en la mañana. Tenía fijado uno solo en la mañana, otro solo por la tarde y en la noche podía terminar la caja. La caja de todos los días. Sentía que esperaba en silencio, siempre esperaba alguna cosa mientras mecía su cuerpo de un lado al otro. Sin orden alguno, sin ritmo, sin una verdadera necesidad de estarlo haciendo.

Nunca había estado sola y sólo pensarlo me aterraba. Hablando anoche con aquella señora sin nombre pensé  que podía acabar así. Sola, y hablándole a una estúpida gata blanca que ni siquiera podía entender ni responder a mis interrogantes. Al rato me dormí para despertar en mitad de la noche por culpa de una pesadilla… Yo era ella, la piel colgaba de mi delgada figura.

Estaba sola en una cama acompañada de una gata que me miraba fijamente. Siempre tuve miedo a los gatos. De chiquitita los miraba de lejos y… ¡Mierda! Sonaba el teléfono.

¿Hola? Equivocado – mirando a la gata decía – ¿Sabes como se llamaba? ¿Vos sabes cómo me llamo yo?. Y como el animal no respondía salía desesperada a la calle para preguntar a la gente pero todos reían y  escapaban.

“Pobre Señora.” -  escuchaba que decía la almacenera – “Ya habla sola. Nosotros siempre le regalamos cerveza y esas cosas”.

Entonces con lágrimas en los ojos atravesaba un pasillo oscuro y angosto para sentarme en el patio de mi casa,  diciéndole a mi gata: “Vos sabes la verdad Blanquita. Déjale nomás que se rían y vení. Espera conmigo”.

Mientras la abrazaba fuerte y la mecía de un lado al otro. Sin orden alguno, sin ritmo, sin una verdadera necesidad de estarlo haciendo.

Jazmina Rodríguez

LAS POESIAS QUE YA HAN LLEGADO A LA CONVOCATORIA 2009

FUGAZ


Apareció súbita e inesperadamente,

Tan fugaz como de enero un aguacero

Y me fue envolviendo en sus delirios y deseos,

Casi sin proponérselo.

No lo sospeche al principio,

Que todo giraría en torno a sus caprichos

Que lo difícil ella lo tornaría sencillo

Y  lo oscuro adquiriría su brillo.

Intente poner resistencia a su hechizo,

Pero pudieron más sus seducciones e incitaciones

Y así me deje llevar por sus quimeras

Aceptando inexoramente que a veces,

No es una locura dejarse llevar por los sueños.

Alex Díaz de Vivar


SEDUCCIÓN      (14/11/09)

Hoy, te encontré al fin,

Y fuiste bálsamo

En medio de mi melancólica soledad

Decidido te  encare,

Dispuesto a seducirte,

Teniendo sólo la piel por vestido

Y el sexo erguido.

Y me presente así ante ti,

Como soy, sin ataduras ni complejos,

Sin miedos ni contradicciones.

Y así juntos, deleitándonos en nuestra pasión,

Nos curamos del alma, las heridas

Y luego para que nuestro amor perviva,

Decidimos seguir cada cual con su vida.

Alex Díaz de Vivar

No more tender but poisoned nights

pytumby ogüevì iririhàpe omopè ÿvotÿ rÿakuà pepò tembiporù kaneòicha che resà nde mboì oipeò tesaràí ojahoiva´ekuè nde pirè nde jurù nde ruvÿ avave avave upeicha re renoi mombÿrÿgüií ÿvÿtù kaàvÿ tove che nai kua à veima che rera pe rapè ajevÿhjaguà che pÿtuhë añapÿmita nde kerape ha nderepaÿmo´aveima akañÿta nderesapè esapÿmivo pÿtumbÿ osorota avave avave nde ha che pore ÿ pÿporé
edgar pou

LA PASIÓN SEGÚN SANABRIA

für Lino O


Puchero de gallo con batatas

en la olla a presión de mi cabeza

siendo las vísperas de un Sábado Gigante

sin otro particular que la irrupción de los títeres de la andariega

(disfrazados de Policía Militar)

en aquel viejo patio español de la calle Alberdi

bajo la luna y la parralera

Allí estabas con tu hábito de vaciarte frente a todos

sin importar nuestra sensibilidad de malos pensamientos

Y desde luego, no tenía mayor importancia

pues siempre te veneramos como a un santo granada-en-mano

un iluminado salvaje, que no retrocedía ante peligro alguno

Canto (a mi) General:

“El recuerdo clarividente me asalta los tuétanos de la memoria

con tu imagen cristalizada cual diamante bruto

al son de una polca tan colorada como mi rostro

inmenso y desfigurado de arengas que anuncian

el inevitable final de la siesta en mi bravo Paraguay “

En aquella noche del “nunca más”

tus paralogismos parabólicos

nos dejaron atónitos, sin atinar a contradecir la lengua velada

-que decías haberla aprendido de los jadeantes estibadores

de Playa Montevideo, entre fritangas, pan y cerveza nacional pasteurizada-

Aún te recuerdo, en aquel trágico viernes

maldiciendo nuestro Calvario de utilería

aproximadamente desde el mediodía (de coronas y espinas)

hasta el último suspiro, que te vino luego de la tres

Luego nosotros, terminamos ocultos en el aljibe de un viejo patio

(de la calle Alberdi)

no sin antes negarte varias veces tres

y comernos en puchero al gallo que cantó después.

Fredi Casco. Marzo de 1999

Soneto del Conflicto

Hay  guerra entre el Capital y el Trabajo

Pachamama, Lluvias y las Sequías

la Noche, el Sueño y las Pastillas.

Los de Arriba matan a los de Abajo.

Hay guerra entre Policías y Sin-Techos

la Prensa, los Medios y la Verdad

Dios, Iahvé, Confusio, Mefisto y Alá

los Dichos, Trechos, Muchos, y los Hechos.

Están en  guerra  el Hombre y la Mujer

el Paraguayo, el Brasileño y el Indio

el Es, el Puede Ser y el  Deber Ser.

El Reggaetón, la Cumbia y el Rocanrol

las metáforas, las rimas, los ripios.

En guerra el amor y el odio. Tú y yo.

Miguel Ángel Méndez – 2009